Jóvenes, aunque sobradamente desorientados

María abrió su perfil en el buscador de empleo y, como cada mañana, comenzó a buscar entre las propuestas de empleo aquellas que más le motivaban. Dos horas después había aplicado a veinte ofertas nuevas. Era su rutina desde hacía seis meses y cada día se sentía más decepcionada con el resultado.  Tenía 26 años y, recién licenciada, su razón de ser era trabajar.

¿Por qué no me llaman?, ¿demasiado formada?, ¿poca experiencia?, ¿no les gusta mi cara?.

María no quería dejarse vencer por el desánimo y se propuso averiguar qué pasos daban aquellos que conseguían alcanzar la meta.

Investigó por su cuenta en internet, leyendo libros, asistiendo a conferencias, e incluso comenzó a realizar entrevistas a diferentes personas. Empezó con su entorno más cercano y, más adelante, solicitó a pequeños empresarios que respondieran a su curiosidad por conocer las razones de la elección de un candidato.

María invirtió mucho tiempo y recursos para averiguar que su curriculum vitae carecía de rumbo, de propósito. Así pues, decidió quién quería ser y dónde quería llegar, y salió de nuevo al mundo a encontrar el reto profesional que se adaptaba a su plan de vida.

Poco después su esfuerzo daba frutos. María tenía algo más que un empleo: una clara orientación de su misión en la vida.

¡No renuncies a decidir tu destino!

No existe una varita mágica para obtener el interés de los otros, pero si recorremos nuestro camino sabiendo dónde queremos llegar podremos explicar en qué somos especiales y diferentes, y dejar esto claro es condición indispensable para ser el elegido.

No parecemos muy interesados, como sociedad, en conocernos a nosotros mismos, descubrir cuáles son nuestros talentos o establecer nuestro
mapa de vida, pero que eso no te paralice. ¡No renuncies!

¿Eres el protagonista de la película de tu vida?, ¡no dejes que otros vivan por ti!

 

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